Bajas por nacimiento, cuidado y conciliación familiar en la infancia
Resumen
Ampliar la duración de las bajas por nacimiento y cuidado del menor, así como facilitar la conciliación durante la infancia —especialmente en la etapa del apego (hasta 3 años)— proporciona numerosos beneficios para la salud física y mental de la madre y del hijo, así como del grupo familiar. Estos beneficios se extienden, además, a una mayor satisfacción y productividad laboral e incluso a una mejora social.
Introducción
En lo referente al bebé, los primeros años de vida —particularmente los tres primeros— constituyen una «ventana sensible» para el neurodesarrollo, la maduración inmunitaria y la predisposición a desarrollar patologías como consecuencia de cambios epigenéticos, ya que el ADN se ve afectado por el entorno de manera más notable en esta etapa.
Además, es un periodo fundamental en la formación del vínculo y del tipo de apego. Dentro de estos tres años, aproximadamente los 9–10 primeros meses son cruciales, pues constituyen la denominada «exogestación», es decir, un periodo en el cual la maduración del bebé sigue dependiendo del sustento materno, aunque fuera del útero.
En este sentido, la lactancia materna y el contacto físico prolongado son fundamentales para la nutrición y la regulación de los sistemas del bebé. A su vez, desde el embarazo y de manera más intensa en el posparto, se producen en la madre una serie de cambios para favorecer dichos cuidados, entre los cuales se incluye una variación en la atención: mayor foco en detectar y atender las necesidades del bebé.
La crianza en general, y más específicamente la exogestación, requiere mucha energía física y mental. Compaginarla con otras cargas como las laborales obstaculiza la óptima atención al bebé, añade más cansancio y falta de sueño a los progenitores —dado que durante esta etapa los despertares nocturnos suelen ser frecuentes—, predispone a problemas físicos y anímicos y dificulta la productividad laboral, ya que ni se dispone de energía suficiente ni el foco atencional está centrado en el trabajo.
A lo largo de este artículo se analizan los diferentes aspectos médicos, psicológicos y sociales por los cuales se considera importante ampliar las bajas de maternidad, así como flexibilizar horarios y facilitar la conciliación familiar.
Los motivos principales serían los siguientes, todos ellos relacionados entre sí:
- La promoción de la lactancia materna prolongada, recomendación de las guías clínicas tanto de la OMS como de la AAP por su impacto positivo en la salud de madre e hijo. Entre las ventajas de la lactancia no está solo la composición de la leche materna, sino también el contacto cercano y la succión afectiva; por ello, el biberón, aun con leche materna, no cubre todo el espectro de beneficios.
- El apego seguro y la disponibilidad de tiempo. Incluso en el caso de no poder dar el pecho o decidir no hacerlo, la cercanía y el contacto prolongado son indispensables para forjar el vínculo.
- La prevención de la depresión materna, condición que repercute negativamente en el desarrollo del menor y en la salud de la madre, pudiendo ser además motivo de bajas posteriores. Una mayor disponibilidad de tiempo o flexibilidad laboral y conciliación ayudan tanto a forjar el vínculo como a prevenir dicha condición.
- La protección de la salud del menor. Tanto las bajas parentales como la conciliación (por ejemplo, teletrabajo durante mínimo tres años) permiten posponer o evitar la entrada temprana del niño en guarderías, protegiendo su sistema inmunitario y microbiota, ya que comenzar la escolarización antes de los tres años lo vuelve más vulnerable a infecciones posteriores. Esto, además de perjudicar al menor, puede provocar un mayor absentismo laboral por cuidado de los hijos.
Por último, analizaremos cómo todos estos factores pueden beneficiar a nivel social.
1) Promoción de la lactancia materna prolongada
Actualmente, la mayoría de profesionales de la salud recomiendan y promueven la lactancia materna precoz, ya que reduce la mortalidad neonatal [1] y protege frente a infecciones respiratorias y gastrointestinales. Además, cada vez hay más evidencia de que las ventajas se extienden más allá de los seis primeros meses y benefician también a la madre, por lo que las guías de la OMS [2] y de la AAP [3] la recomiendan hasta los dos años o más.
Respecto a la salud del niño, una revisión sistemática de 2024 señala que prolongar la lactancia es una prioridad de salud pública. Según indica, cada mes adicional de lactancia disminuye el riesgo de asma, sibilancias y uso de inhaladores; estos beneficios se mantienen hasta los seis años. También protege frente a la gravedad de infecciones como «mano-pie-boca», gracias a la modulación del sistema inmunitario, y previene el riesgo de enfermedades crónicas y metabólicas como la diabetes tipo 2 o la obesidad, especialmente cuando la lactancia se prolonga hasta los dos años. Además, beneficia la salud cardiovascular.
A su vez, la lactancia mantenida más de seis meses se ha asociado con menor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer como la leucemia infantil, el neuroblastoma y el retinoblastoma [4].
Entre los mecanismos que generan esta protección, la revisión señala que los oligosacáridos y enzimas como la lactoperoxidasa contribuyen a la modulación del sistema inmune y de la microbiota del bebé, haciendo frente a patógenos gastrointestinales y respiratorios. También se destacan como factores protectores el desarrollo pulmonar, el desarrollo cognitivo y los vínculos afectivos madre-hijo.
Asimismo, como alimento, la leche materna tiene la particularidad de ir modificando su composición conforme pasa el tiempo, adaptándose a las necesidades nutricionales e inmunitarias del niño en cada etapa de su infancia. También se resalta la importancia de mantenerla junto a la alimentación complementaria, ya que reduce el riesgo de alergias alimentarias [5].
Este papel sobre el sistema inmunitario ha sido ampliamente investigado y, tal como muestra la siguiente revisión [6], la leche materna protege frente al desarrollo de trastornos autoinmunes.
Por otro lado, para la madre, la duración acumulada de la lactancia se asocia con menor riesgo de cáncer de mama y ovario, así como de diabetes tipo 2, con relaciones de tipo dosis-respuesta. Síntesis recientes y metaanálisis consolidados lo respaldan [7], [8], [9].
A su vez, las lactancias prolongadas tienen un efecto protector sobre la salud cardiovascular a largo plazo, tal y como muestran estudios longitudinales con muestras de diferentes países [10], [11].
En definitiva, extender la lactancia más allá de los primeros meses aporta beneficios sólidos y múltiples: protección frente a infecciones, desarrollo físico y neurológico, reducción de enfermedades crónicas y de algunos cánceres infantiles, además de fortalecer el vínculo emocional. Lo ideal es mantenerla al menos durante los tres primeros años, que son clave en el apego y en el desarrollo inmunitario. A ello debemos sumar el potente efecto sobre la salud materna, por lo que consideramos esencial facilitar la lactancia mínima durante tres años. Para ello resulta importante una buena consolidación en los primeros meses, teniendo en cuenta que el éxito de la misma está relacionado con la posibilidad de ofrecer el pecho a demanda, lo que exige la presencia prolongada de la madre junto al bebé. Posteriormente, al menos hasta los tres años de apego, la conciliación familiar, la flexibilidad horaria y el teletrabajo promueven el mantenimiento de esta práctica, considerada una prioridad de salud pública.
2) Apego seguro, presencia y calidad del vínculo
Desde los primeros estudios de Bowlby, el apego se considera uno de los elementos centrales en torno al que gira el desarrollo físico y psicosocial del niño. Forjar un buen vínculo con los cuidadores principales durante los tres primeros años de vida es esencial para construir una base segura a partir de la cual relacionarnos con el mundo.
Actualmente, hay numerosos estudios que resaltan la importancia de este vínculo para la salud global del ser humano y también para la mejora social, ya que está relacionado con conductas prosociales o delictivas, según el tipo de apego instaurado.
Entre los aspectos médicos, está demostrado que el contacto y el apego temprano reducen la mortalidad, por lo que el contacto piel con piel en los primeros días es una firme recomendación de salud, especialmente en nacimientos prematuros [15], [16].
El tipo de apego durante la infancia se ha asociado con diversos parámetros de salud: desde la calidad del sueño [17], hasta los problemas de dolor crónico y su gestión a lo largo de la infancia y adolescencia [18]. También se ha vinculado con un mejor neurodesarrollo y mayor competencia social [19], así como con el bienestar y la salud mental, al punto de que el tipo de apego actúa como mediador en los problemas de ansiedad y depresión en la edad adulta [20].
En el plano relacional, los metaanálisis muestran que el apego seguro en la primera infancia se conecta con más conducta prosocial y menos problemas externalizantes e internalizantes [21], mientras que un mal apego correlaciona con problemas antisociales [22].
De hecho, existen numerosos programas de prevención de problemas emocionales o de conducta basados en mejorar el vínculo con los padres [23].
Este potente efecto de los cuidados parentales sobre el sistema emocional y el comportamiento social se explica también desde la epigenética: el entorno seguro y afectuoso permite la correcta expresión de los genes implicados en la oxitocina, hormona relacionada con los vínculos afectivos. Por el contrario, la carencia de cuidados o los entornos inseguros a edades tempranas provocan la supresión del gen del receptor de oxitocina, lo que se ha asociado a diferentes problemas de conducta y a ciertas patologías [24].
A la luz de estos datos, es evidente la necesidad de proporcionar las mejores condiciones para un buen apego, cuya clave es responder con sensibilidad a las necesidades del menor [25]. Para ello, resulta imprescindible la presencia y disponibilidad. Por lo tanto, prácticas de conciliación como el teletrabajo durante los tres primeros años del bebé facilitan un buen apego, decisivo para el desarrollo humano y social.
3) Depresión materna: efectos en el menor y prevención de la misma
Si bien el papel del otro progenitor (en familias biparentales) también es fundamental a la hora de establecer un buen apego y prevenir problemas en el menor [26], la disponibilidad y el bienestar de la persona gestante son centrales a la hora de ofrecer los cuidados y el apego, especialmente durante los primeros nueve meses. En este sentido, los principales problemas tras el parto que afectan a la madre, al bebé y al vínculo entre ambos son los trastornos del estado de ánimo, en especial la depresión y la ansiedad.
Ese sufrimiento materno puede dar lugar a una menor responsividad emocional hacia el hijo y tener consecuencias en su desarrollo.
Los metaanálisis clásicos muestran que la depresión materna se asocia con mayor psicopatología infantil (internalizante y externalizante) y peor ajuste emocional [27].
Cuando la depresión es persistente y/o severa, los riesgos aumentan: se observan más problemas conductuales, peores resultados académicos y mayor incidencia de depresión en la adolescencia [28].
Desde el punto de vista médico, los estudios de epigenética señalan una alteración de genes relacionados con diversas enfermedades en el niño cuando la madre sufre depresión gestacional o posparto [29]. Se inhibe la expresión de ciertos genes protectores frente a enfermedades como el cáncer y la diabetes, por ejemplo el PLAGL1, un gen supresor de tumores que promueve la apoptosis, cuya desregulación también afecta a la diabetes.
También se han descrito efectos en genes vinculados a la salud mental, como el ERC2, que actúa como andamio molecular coordinando y activando la liberación de neurotransmisores.
Asimismo, se ha comprobado que la depresión materna afecta a la expresión de genes relacionados con el cortisol [30], lo que ocasiona mayor tendencia a la ansiedad en los menores.
Además de estas consecuencias negativas en los hijos, es fundamental prevenir la depresión para proteger a la propia madre y garantizar su bienestar y salud.
En este sentido, diversos estudios señalan el papel preventivo de las bajas laborales por maternidad. Revisiones recientes concluyen que más semanas de baja retribuida se asocian con menor riesgo de depresión posparto y mejor salud mental materna [31], [32].
Facilitar una buena recuperación, un entorno en el que la madre pueda atender al bebé sin otras preocupaciones y, por supuesto, evitar la sensación de que lo deja solo antes de tiempo, son condiciones que mejoran la salud materna. Muchas mujeres sufren síntomas de ansiedad de separación —al igual que sus hijos— cuando sienten que deben separarse durante una jornada laboral. Por ello, las bajas que permitan el cuidado y el descanso en los primeros meses son fundamentales, así como la posibilidad de teletrabajar, para prevenir tanto la ansiedad de separación como el sentimiento de culpa que muchas madres experimentan al incorporarse al trabajo.
4) Guardería y escolarización antes de los 3 años: exposición a infecciones
Actualmente los pediatras recomiendan que los niños no asistan a guarderías hasta, al menos, haber cumplido los dos años, y algunos, como Carlos González, la desaconsejan totalmente. En la mayoría de los casos se plantean motivos estrictamente sanitarios, aunque este último también apela a razones vinculadas con la etapa del apego. Como ya hemos tratado la importancia del apego, en este punto nos centraremos en los aspectos de salud.
La entrada en la guardería se acompaña de un aumento marcado de infecciones respiratorias en los primeros meses tras el inicio, lo que implica un mayor uso de recursos sanitarios y de antibióticos. Cohortes y estudios poblacionales lo documentan [33].
El uso de antibióticos en lactantes, unido a la asistencia a guardería, se ha vinculado con más genes de resistencia y alteraciones en la microbiota. En concreto, se ha comprobado que los bebés que van a guardería presentan un aumento significativo de Escherichia coli. Estas condiciones predisponen a una peor salud y a una menor respuesta a los antibióticos en edades posteriores, lo que ocasiona más infecciones y menor respuesta al tratamiento durante la etapa escolar en comparación con niños que se han inmunizado posteriormente con otro equilibrio microbiano y sin desarrollar genes de resistencia [34].
Es más, parece ser que el uso temprano de antibióticos (muchas veces consecuencia de infecciones en guarderías) está relacionado con una peor respuesta a las vacunas [35].
La implicación práctica de estos resultados sería, por un lado, reducir grupos o modular horarios en las guarderías para disminuir la carga patógena y, por supuesto, retrasar la escolarización siempre que sea posible.
La opción de teletrabajo permitiría retrasar la escolarización de los niños, protegiendo su salud y también facilitando la productividad de los padres, puesto que las infecciones recurrentes tanto en la guardería como posteriormente constituyen un problema para conciliar el cuidado del menor con el trabajo. A su vez, se estaría evitando un problema de salud global, ya que en los casos donde no se permite la conciliación, muchos padres no tienen otra opción que dejar a sus hijos enfermos en guarderías o escuelas, lo que favorece el contagio a otras familias.
5) Efectos poblacionales de extender las bajas y facilitar la conciliación familiar
Como hemos visto, cada uno de los puntos abordados tiene implicaciones más allá del núcleo familiar. A nivel de población, cada mes adicional de baja de maternidad pagada se asocia con descensos relevantes en la mortalidad infantil en países de rentas baja y media. Análisis en países de la OCDE señalan también reducciones en la mortalidad neonatal e infantil tras la expansión de permisos [36], [37].
Tanto es así que las bajas parentales se proponen como una herramienta para la prosperidad y el bienestar social [38].
Tal y como indica uno de los artículos:
Las familias cohesionadas y los entornos estimulantes y afectuosos que promueven el apego a los cuidadores son fundamentales para el crecimiento y desarrollo físico y psicosocial del niño. El cuidado parental, que apoya el desarrollo en la primera infancia, presupone la presencia y participación de los padres en la vida diaria de los niños con actividades como la lactancia materna, el juego, la lectura y la narración de cuentos. Sin embargo, los padres deben equilibrar el bienestar de sus hijos con el empleo, la progresión profesional y la igualdad de género. La licencia parental universalmente accesible y equitativa aborda este desafío.
En esta línea, una vez finalizada la baja, el teletrabajo también garantiza el mantenimiento de la lactancia, la presencia en los tres años fundamentales del apego, la prevención de la depresión posparto y la reducción de la exposición temprana a infecciones. Todo ello redunda en una mejora familiar y social, menor gasto en sanidad, mayor bienestar, satisfacción en el trabajo y productividad laboral.
6) Conclusión
La ampliación de las bajas por nacimiento y cuidado, junto con medidas efectivas de conciliación familiar como la flexibilidad laboral y el teletrabajo, constituye una estrategia de salud pública y social con múltiples beneficios.
En el plano individual, estas medidas permiten una lactancia materna prolongada, fortalecen el apego seguro, protegen frente a la depresión posparto y reducen la exposición temprana a infecciones. En el plano familiar, favorecen el bienestar, la cohesión y la disponibilidad de los progenitores para responder con sensibilidad a las necesidades del menor en sus primeros años de vida, etapa decisiva para el neurodesarrollo y la salud física y emocional.
En el plano social, los beneficios se extienden a la reducción de la mortalidad infantil, una menor carga sanitaria derivada de enfermedades prevenibles, y una mejora en la productividad y satisfacción laboral de los padres. En conjunto, invertir en bajas parentales adecuadas y en políticas de conciliación no solo protege la salud de madres, bebés y familias, sino que también constituye una herramienta de bienestar colectivo y de prosperidad a largo plazo.
Referencias
Apartado 1
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